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jueves, 3 de abril de 2014

Crisis en la industria automotriz local continúa agravándose


Hay plantas paradas, conflictos laborales en las operativas e impactos cambiarios. El grupo industrial italiano Iveco anunció la suspensión del ensamblaje en el país. "Las dificultades cambiarias en Venezuela siguen creando dificultades para la importación de materiales y componentes".

ROBERTO DENIZ | EL UNIVERSAL

En la industria automotriz se acumulan los problemas. Plantas paralizadas, deuda en dólares con casas matrices y conflictos laborales en las ensambladoras que están operativas resumen el panorama.

El grupo industrial italiano Iveco anunció la suspensión del ensamblaje en el país. "Las dificultades cambiarias en Venezuela siguen creando dificultades para la importación de materiales y componentes por lo que Iveco decidió suspender la producción en Venezuela", señaló en un comunicado el grupo industrial italiano CNH Industrial, matriz de Iveco, según reseñó Reuters.

En el texto se explica que Iveco "reactivará sus actividades apenas el mercado lo consienta". Según los datos de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez), Iveco no ensambló vehículos en los dos primeros meses del año.

El pasado martes Ford Motor también anunció una pérdida de 350 millones de dólares, tras la instrumentación del nuevo sistema cambiario en el país.

Pero la planta de Iveco no es la única paralizada. Toyota de Venezuela acumula casi dos meses sin ensamblar autos y Chrysler detuvo la producción hace dos semanas.

En todos los casos la causa es la misma. La parálisis en la liquidación de las divisas ocurrida a finales de 2013 impidió a las automotrices colocar nuevos pedidos de material de ensamblaje y al agotarse los inventarios se provocaron paralizaciones forzosas.

El anuncio de Iveco tuvo eco en el Ejecutivo nacional, que ayer se reunió con directivos de la empresa. Haiman El Troudi, ministro de Transporte Terrestre, informó a través de su cuenta de Twitter que la empresa "reanuda" el ensamblaje y que se "resolvieron los nudos críticos" tras el encuentro.

Fuentes ligadas a la industria automotriz explican que la reactivación de las empresas paralizadas depende de la cancelación de la deuda con las casas matrices y de la emisión de los permisos para importar el material de ensamblaje, conocido como Meiv.

Los cálculos que realizan las ensambladoras señalan que las siete automotrices privadas agrupadas en Cavenez adeudan a sus proveedores 1,8 millardos de dólares.

Sin despachar

Pero en las plantas que han podido dosificar el material de ensamblaje y mantener las líneas de producción también hay problemas. Una fuente ligada a Ford Motor señaló que desde el 19 de marzo no han podido distribuir los vehículos a su red de concesionarios.

Según la versión, el sindicato de los trabajadores impide el despacho de unos 200 carros como medida de presión para exigir el "cupo" o la cuota sindical de vehículos.

Desde diciembre las ensambladoras entregan toda su producción a los concesionarios amparándose en el decreto presidencial 625, emitido el pasado 4 de diciembre.

De acuerdo al artículo 10 de ese decreto "los vehículos producidos por las ensambladoras irán directamente al sistema de comercialización, no pudiendo existir preferencias que se antepongan a la satisfacción de las necesidades de la población".

El conflicto agrava la realidad de los concesionarios que desde hace meses sufren la reducción en la cantidad de unidades que reciben mensualmente. Una situación similar a la que se vive en Ford ocurre en la planta de General Motors (GM), según varias fuentes consultadas.

Christian Pereira, presidente de la Federación Unitaria de los Trabajadores Automotrices, Autopartes y Conexos (Futaac), reconoció el pasado martes que en Ford y GM se viven situaciones de "preconflicto" porque ambas compañías están en la negociación de los contratos colectivos.

Esa organización sindical ha solicitado al Ejecutivo nacional que se pronuncie sobre el artículo 10 del decreto presidencial, pero ese pronunciamiento no ha llegado. El argumento de la Futaac es que el decreto no puede traducirse en la pérdida de beneficios contemplados en las convenciones colectivas.

rdeniz@eluniversal.com



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