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jueves, 4 de junio de 2015

ATENCION VENEZUELA: ¿Qué pasa cuando las monedas valen menos que el metal que se usa para fabricarlas?


Es difícil creerlo, pero en ocasiones, fabricar billetes (o monedas) es un mal negocio.

BBC Mundo

Todos hemos oído la expresión "es como una licencia para imprimir dinero" en referencia a actividades especialmente lucrativas.

Pero resulta que en algunos casos, por efectos de las fuerzas del mercado, el metal con que se acuñan las monedas puede ser más valioso que su precio nominal.

Por lo que efectivamente, el gobierno del país en cuestión pierde dinero cada vez que fabrica una moneda en esas circunstancias.

Una persona podría decidir incluso que, en vez de usar el cambio suelto para comprar bienes o servicios, puede resultarle mejor negocio fundir las monedas y venderlas por el costo del mineral.

Inflación

En días recientes, algunos medios internacionales aseguraron que en Venezuela, por efecto de la pérdida de valor adquisitivo del bolívar, las monedas de algunas denominaciones valían menos que el mineral usado para su fabricación.

Un artículo publicado en el sitio web estadounidense Forbes, estimaba que fundir una tonelada de monedas de un bolívar produciría metal por valor cercano a los US$7.700. Esa misma cantidad de monedas, unas 125.000, tendrían un valor nominal de US$312 al cambio actual, aseguraba el medio estadounidense.

Lo que, advertía el escrito, podría dar lugar en teoría, a que fuera buen negocio fundirlas por metal.

No hay informes de que esto esté ocurriendo, y el Banco central venezolano sigue acuñando estas monedas.

El corresponsal de BBC Mundo en Caracas, Daniel Pardo, reporta que no es visible una escasez de monedas en las calles venezolanas.

Pero no sería la primera vez en la historia reciente de Venezuela, o de muchas otras naciones, que ocurre una situación en la que la moneda vale menos que el metal en que está acuñada.

Pasa en Estados Unidos

"Ya pasó hace en décadas pasadas cuando teníamos monedas de plata y de níquel. Por efecto de la inflación y la devaluación, las monedas tendieron a desaparecer, y está pasando nuevamente", aseguró a BBC Mundo Jose Manuel Puente, economista venezolano basado en la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

Una solución posible al fenómeno sería la de abaratar el método o el material que se usa para la fabricación de la moneda.

Eso hicieron Tonga, las Islas Cook y Vanuatu, naciones isleñas en el Pacífico sur, que anunciaron todas a comienzos de este año que estaban cambiando sus monedas por otras cuyos costos de producción eran menores.

Otros países que han experimentado esta situación discuten si vale la pena seguir acuñando denominaciones bajas de sus monedas.

En Estados Unidos, para no ir más lejos, fabricar cada "penny", como es conocida la moneda de un centavo de dólar, vale cerca de US$1,7 centavos. Dicho de otra manera, el gobierno pierde por cada moneda de un centavo que produce.

Por lo que algunos piden que las autoridades simplemente dejen de producirlas.

Poder de compra

En Venezuela, no obstante, asegura nuestro corresponsal, dejar de acuñar monedas de baja denominación tendría un impacto sobre la mayoría de la población del país que todavía encuentran usos importantes para ellas.

"Hay muchos rubros, como de transporte informal, que siguen costando 11 o 12 bolívares", dice Daniel Pardo desde Caracas.

Por lo que para buena parte de la población, una moneda de un bolívar no es algo para despreciar, asegura el corresponsal de BBC Mundo.

Problema más serio

José Manuel Puente encuentra que el hecho que la moneda valga más como metal que como efectivo, es apenas el reflejo de un problema más serio.

"Es un asunto práctico, que se puede resolver cambiando el procedimiento de fabricación de la moneda. Pero lo que no puedes resolver en el corto plazo es recuperar el valor de la moneda y la capacidad de compra de la misma", afirma el académico a BBC Mundo.

La situación se dificulta por la devaluación e inflación experimentadas por ese país.

Venezuela tiene en este momento la inflación más alta del mundo.

Un fenómeno que la oposición atribuye al mal manejo de la economía por el gobierno, mientras que el oficialismo lo asigna a una campaña de sabotaje económico por parte de élites nacionales y extranjeras


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