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viernes, 2 de septiembre de 2016

Ni los productos colombianos se podrán comprar


Sin ventas en los supermercados se retarda la garantía de seguridad de abastecimiento de comida. La baja en el poder de compra de las familias desacelera la rotación de inventarios de bienes importados y surge cautela empresarial

Yasmín Ojeda / laverdad.com / Foto: María Fuenmayor

La economía no tiene atajos para recuperarse si no hay divisas. Sin ingresos petroleros, sin producción sostenible, con inflación voraz se entierran las posibilidades de garantizar oferta, generar empleo y crecimiento de la producción. Solucionar la escasez de alimentos se traza como prioridad dentro de las medidas oficiales que navegan en la opacidad de gestión de la política cambiaria.

El Gobierno, tras las restricciones impuestas desde 2004 a la administración de divisas para importación, exportación y control del mercado cambiario, flexibilizó el uso de sus recursos propios en dólares para la importación del sector privado. En Zulia, se autorizó la compra de bienes colombianos para paliar la falta de bienes.

Los supermercados recibieron en julio los primeros abastecimientos. La iniciativa tiene plazo. Según la Gobernación del Zulia es una decisión circunstancial. Será el comportamiento del sistema económico quien imponga el período de vigencia.

Según Nelson Labarca, economista, la capacidad de importar dependerá de cómo se recupera la inversión de las divisas propias. Lo contrario obligará a una paralización de la comercialización. Cuando la población sienta el ahogo de la inflación, pausará el movimiento con el que salen los rubros de los anaqueles.

Considera que a final de año, con la arremetida de los precios, quienes compran los alimentos colombianos perderán las capacidades de pago, y el importador suspenderá el negocio por temor a perder capital, a perder divisas por las restricciones en los otorgamientos.

El empresario evalúa las ventas y los tiempos de rotación de inventarios. En la medida que se reduce la salida de productos la preocupación aumenta. Será menos atractivo para el comercio. “Hay familias que no han tocado fondo y pueden comprar productos colombianos a precios de un kilo de arroz a mil 800, o harina a mil 600”, señala Labarca.

Dentro de dos meses o tres meses el roce será inminente. Un segmento de la población, la clase media, aún compra con tendencia a reducir la disponibilidad. El economista destaca que existe una fuente soportando el impacto: el ahorro particular de dólares. “La clase media está cambiando dólares para comer, son aquellos que pudieron tener reservas y las utilizan para subsistir, pagar colegio, necesidades básicas”.

Voces

Fátima Mavo, ama de casa: “Estoy comprando el colombiano a precios caros. Es lo que comemos, pero quién tiene para soportarlos con ese engaño del aumento de salario”.

Ángel González, comerciante: “Qué vamos a hacer si los productos regulados no se consiguen. No se va a poder comprar con esos precios. Un aceite a más de dos mil bolívares”.

Importación en revisión

El gobernador Francisco Arias Cárdenas indicó ayer-durante una acto político-que la revocación de los permisos de importación será mientras hacen algunas revisiones. Criticó que los empresarios hayan prometido vender los productos colombianos “por debajo de la mitad de los bachaqueados” y en la calle se ve otra cosa. “Al ver que una harina PAN se vende en 1600 y 1800 entonces dijimos vamos a parar”. Señaló que otorgará los permisos a quienes “garanticen precios bajos”. “Solo le pedimos a los que traen los productos con sus recursos que nos den el precio de compra y luego el precio final de venta que no sea especulativo”.


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