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lunes, 2 de marzo de 2020

Por qué el coronavirus asusta tanto a Trump


El coronavirus ya se ha convertido por derecho propio en un “Cisne Negro”. Ese fenómeno impredecible que pulveriza las predicciones de gobiernos y empresas; el meteorito que obligar a reajustar, de golpe, casi todas las prioridades. Sea cual sea su peligro real o su alcance, o el grado de paranoia alimentada por la comentocracia de la prensa y las redes sociales, su impacto ya es una realidad.

Argemino Barro / El Confidencial / MSN Noticias


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En el caso de Estados Unidos, el coronavirus amenaza con descarrilar la poderosa confianza económica y perturbar un año decisivo. Un año de elecciones presidenciales.

“Bueno, simplemente creo que la gente no sabe. Es lo desconocido”, declaró el presidente de EEUU, Donald Trump, sobre el batacazo de la Bolsa de Wall Street. El parqué estadounidense, que al principio se había mantenido indiferente a la preocupación del coronavirus, cedió al nerviosismo cuando la enfermedad se propagó a Irán, Italia y Corea del Sur. La Bolsa de Nueva York cerró el pasado viernes su peor semana desde la crisis financiera. En solo seis sesiones, el índice Dow Jones borró un 10% de su valor: la corrección más rápida de la historia.

La Reserva Federal ha declarado estar dispuesta a recortar los tipos de interés para contrarrestar estos efectos y estimular la economía. Una actitud que ha saludado el presidente Trump. “Necesitamos que la Fed sea un líder”, dijo. El banco central podría bajar los tipos, actualmente en el rango del 1,5 al 1,75%, el 18 de marzo.

¿El fin del milagro económico?

La preocupación de fondo es que el miedo se desparrame hacia la confianza del consumidor, la columna vertebral del coloso americano. Según el seguimiento de Morning Consult, la confianza del consumidor, aunque se mantiene robusta, ha caído durante cinco días consecutivos. Algunas agencias, como Consumer Growth Partners, han recortado las previsiones de ventas minoristas para este año.

“Las cosas típicas que deberían de estar sucediendo en una economía normal están siendo alteradas. Y están siendo alteradas en maneras que no acabamos de entender, porque se trata de un acontecimiento sanitario”, reconoció Paul Gruenwald, economista jefe global de S&P Global Ratings.

El virus también ha entrado en política. El presidente más impopular de la historia está siendo atizado por su gestión de la crisis. El pasado miércoles, Donald Trump compareció para quitar importancia al coronavirus y hablar de “15 enfermos” en todo el país, aunque su propio Gobierno le acababa de alertar de más casos identificados en California: casos de personas que no habían viajado al extranjero.

El presidente, según fuentes citadas por 'The Washington Post', se había molestado por las declaraciones de Nancy Messonier, directora del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Resporatorias, el día anterior. Messonier había dicho que la propagación del virus en EEUU era inevitable: “Estamos pidiendo al pueblo americano que se prepare para la expectativa de que esto será malo”, declaró. El presidente salió públicamente a desmentir las palabras de su subalterna.

El manejo de la crisis del coronavirus está discurriendo por un camino parecido al de otras emergencias y polémicas vividas por la administración Trump. Por un lado, el gabinete del presidente trata de monopolizar los flujos informativos; por otro, una parte del funcionariado que tienen a su servicio no está de acuerdo con el mensaje oficial y no duda en filtrar a la prensa los detalles del caos que se vive en el Gobierno.

Un pobre sistema sanitario

La persona a cargo de coordinar los esfuerzos, el vicepresidente Mike Pence, no ha descartado que haya más muertes en EEUU relacionadas con el virus. De momento ha fallecido una mujer en el estado de Washington, que ha declarado el estado de emergencia, y hay 71 enfermos confirmados en el momento de escribir estas líneas.

Mientras, la administración ha anunciado el refuerzo de las revisiones a las personas que provengan de “zonas de alto riesgo”, como China, Italia y Corea del Sur, y sus agencias tratan de identificar más casos potenciales (hasta 1.500 solo en el estado de Washington). El esfuerzo ha obviado las carencias de los programas sanitarios y de prevención, cuyos presupuestos han sido recortados en los últimos años.

Según The New York Times, un estudio de 2005 estimaba que, en caso de una epidemia que afectase al sistema respiratorio de los enfermos, EEUU debería disponer de 740.000 ventiladores mecánicos. Otro estudio de 2010 afirmaba que en el país no había ni la décima parte de esos ventiladores. El desarrollo de una vacuna podría tardar un año y las regiones más vulnerables son las regiones rurales.

“En serio, gente: dejad de comprar mascarillas”, tuiteó la cuenta oficial del Cirujano General de EEUU, el órgano encargado de coordinar las políticas sanitarias. “No son efectivas para evitar que el público en general contraiga el coronavirus, pero los trabajadores sanitiarios no pueden conseguirlas para cuidar a los pacientes enfermos, ¡los pone a ellos y a las comunidades en riesgo!”.

Las elecciones en noviembre, en riesgo

Además, este no es un año ordinario. Estados Unidos se dispone a elegir presidente: una carrera que incluye elecciones primarias en todos los estados, las convenciones masivas de los partidos en julio y agosto, y la gran cita el 3 de noviembre. Un proceso que incluye, literalmente, decenas de miles de mítines y eventos políticos por todo el país. Solo este pasado fin de semana, por ejemplo, la campaña del milmillonario Mike Bloomberg celebró 2.400 actos políticos en 30 estados. Un proceso que finalizará con el voto de unas 130 millones de personas. En otras palabras: es un año de viajes, movilizaciones y masificaciones, y con muchos intereses en juego.

El coronavirus “es, de lejos, la crisis global más importante de la administración Trump”, declaró el analista y CEO de Eurasia Group, Ian Bremmer. “Si empezamos a tener limitaciones reales en el movimiento de gente dentro de EEUU (como el cierre de escuelas en Japón durante un mes) (...) puede acabar impactando en la participación electoral y dar lugar a quejas de que estas elecciones no se han celebrado correctamente”. Con un campo demócrata inusualmente numeroso y bronco, y una polarización extrema tanto en el Capitolio como en el seno de la oposición, el género de la política-ficción está gozando de muy buena salud.

Algunos actos con muchos asistentes ya han sido cancelados, como la conferencia F8 de desarrolladores de Facebook, prevista para el mes de mayo. Apple y Google están bajo presión para hacer lo propio. El sector tecnológico está siendo especialmente afectado por la crisis, ya que la mayoría de sus productos son fabricados en China.

Los candidatos demócratas ya han incorporado la crisis sanitaria a sus respectivas campañas. “Esta semana, el mercado bursátil se ha hundido debido en parte al miedo”, declaró Michael Bloomberg. “Pero también porque los inversores no tienen confianza en que este presidente sea capaz de gestionar esta crisis”. Bloomberg ha usado su profunda billetera para financiar una serie de anuncios dirigidos a criticar la respuesta del Gobierno al coronavirus.

El exvicepresidente y también aspirante, Joe Biden, ha destacado el hecho de que una gran parte del país no confía en la palabra del comandante en jefe. “Cuando él os dice: no os preocupéis, o preocuparos, ¿cuántos de vosotros podéis fiaros?”.


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